Mostrando las entradas con la etiqueta Satanael. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Satanael. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de julio de 2016

Nuestro Cachorro


Satanael VIII


Cuando el color tenue del amanecer comenzaba a hacerse presente, el bello rostro de Barachiel estaba a mi lado, como cada mañana.

Ya habían pasado algunas lunas desde que nuestro hijo se marchó del Edén junto al ángel caído Azael, habíamos recibido unas pocas noticias de ellos desde el Mediterráneo, muy al Este de nuestra posición en aquel momento.

Habían logrado establecerse en un reino donde adoraban a la muerte y al sol, ellos eran felices juntos, como mi ángel y yo.

Los días y noches pasaban rápido en el Edén, más de lo que yo quisiera, la civilización se hacía cada vez más grande, un mayor número de humanos rodeaban nuestro hogar, instalados en sus chozas y cabañas, templos nuevos se construían cada amanecer, nuevos "Dioses" se alzaban, buscando tener mayor protagonismo que los demás, aunque sus cultos y recién formadas religiones me tenían sin cuidado.

Continuamente teníamos más rumores de Ángeles caídos y Demonios teniendo relaciones con los seres humanos, o entre ellos mismos, dando paso a criaturas nuevas, como nuestro hijo: los humanos les llamaban Nephilim, o semidioses, en otros lugares.

Cuando Barachiel se enteró de eso, se sintió triste y desolada, ya que no podía engendrar un hijo conmigo; al parecer nuestro amor no era suficiente como para que los Dioses nos dieran el honor de traer a un nuevo ser a este mundo. Eso me provocaba ira...



Un nuevo amanecer se dejó ver en el Edén, y al despertar no vi a Barachiel a mi lado, como era de costumbre, salí de nuestro lecho de un salto y corrí a buscarla por los alrededores de nuestro hogar. Al pasar unos minutos le encontré arrodillada cerca de unos arbustos con hojas marchitas y el césped a su alrededor sin vida, me percaté de que ella estaba llorando con un pequeño bulto en sus brazos.

Al acercarme y abrazarle por la espalda, ella se sorprendió, me apegué a ella lo más que pude y noté que en sus brazos, mal herido, se encontraba un pequeño cachorro de León.

Se veía pequeño y frágil, estaba desnutrido y sucio, podías darte cuenta a simple vista de que tenía varios días vagando, también tenía heridas en la piel, posiblemente rasguños de aves de rapiña.

Levanté a ambos y los acompañé a nuestro pequeño hogar, Barachiel curó sus heridas y trató de darle hierbas para que pudiera comer, a lo que el pequeño cachorro de león rehuía un poco.

– Barachiel, este pequeño no comerá esas hierbas, él no es un herbívoro, es un carnívoro, necesita otro tipo de alimentos. –

–Entonces, ¿qué debe comer? No sé qué darle para que esté mejor… ¿qué debería hacer, Satanael? –

–Espera aquí, no te separes de su lado. Vendré en un momento.-

Me marché a conseguir algo que el pequeño pudiese comer, recorrí la planicie y el valle, hasta que, a lo lejos, encontré unos animales de grandes astas, a los que los humanos llamaban ciervos.



Regresé a nuestro hogar con mis manos manchadas de rojo y con un bulto lleno de comida ideal para el cachorro, que esperaba mi llegada con mi ángel.

Al verme cruzar el umbral de nuestra morada cubierto por manchas rojas, Barachiel saltó asustada, pero le tranquilicé dándole un suave beso en su frente, me arrodillé a un lado del pequeño, quien comenzó a moverse levemente al sentir el olor a sangre en mis manos.

El pequeño se incorporó rápido y comenzó a lamer mis dedos, luego a morderlos levemente hasta que se pudo poner de pie. Deposité los pedazos de carne en un cuenco y lo puse a su lado, Barachiel me miraba con sorpresa y notaba un poco de admiración en sus ojos, algo que me hacía sentir de alguna forma... feliz.

Me acerqué a ella y me senté a su lado, rodeándole con mis brazos y dándole un suave beso nos quedamos viendo a nuestro pequeño comer su primera cena en familia.



Nuestros días se hicieron más felices con nuestro pequeño, nos dimos cuenta de que era una especie que solo se daba en una parte específica de la tierra, éste era indómito de Nemea, una localidad de Clemea, ciudad que abarcó los bosques y praderas de su hogar. Como el cachorro venía de esas tierras decidimos que lo llamaríamos como su hogar, pero éste terminó siendo "Nem".

Nem se despertaba muy avanzada la mañana y jugaba con Barachiel la mayor parte del día, cazaba por las tardes conmigo y dormíamos los tres en nuestro lecho por las noches, todo era muy tranquilo y mi ángel se veía feliz con nuestro pequeño.

Las semanas pasaban y se oían más rumores de los Nephilim, más grandes, más fuertes... hijos de los Dioses… No me importaban, en realidad, menos aún con la llegada de Nem a nuestras vidas, Barachiel solo tenía ojos para él.

Desde que salí del Inframundo mi armadura fue cambiando con el tiempo, era una armadura que reflejaba mi espíritu, ésta tomaba la forma que yo quería forjar en ella, tomé la decisión de darle forma con una figura muy parecida a la de un León en el pecho de ésta.

Nem fue creciendo más y más, tanto que su tamaño era el doble o el triple del tamaño normal de un León, también su piel era distinta, era muy gruesa y de un color muy obscuro, tanto como el ébano.

Cazaba cada día con él para enseñarle a ser sigiloso y a la vez certero, su hambre se incrementaba igual que su tamaño, se veía muy sano y eso nos hacía felices a Barachiel y a mí.



Unas cuantas semanas pasaron y decidimos que Nem necesitaba aprender a cazar y ser autosuficiente, Barachiel me encargó la tarea de irme de viaje junto a nuestro pequeño, y enseñarle todo lo necesario para vivir, cosa que acepté a regañadientes, ya que no quería separarme de su lado.

La mañana de nuestra partida me levanté con muy pocas ganas, la noche anterior Barachiel y yo habíamos tenido una "larga conversación" respecto a nuestra separación y mi viaje con Nem, ella también se sentía triste por dejarnos ir, pero sabía que debía hacerlo si quería que Nem siguiera creciendo bien a nuestro lado; así fue como partimos, dejando atrás a mi amada Barachiel.



Los días sin mi ángel eran largos y con tenues lapsus de tristeza, la compañía de Nem me ayudaba a seguir nuestro camino.

Un día nos adentramos en un bosque lejano, en los dominios de un supuesto "Dios Solar" llamado Shamash o Utu para algunos humanos. Nos movimos lo más sigilosos que pudimos a lo largo de ese obscuro bosque, nos adentramos en las sombras y encontramos un gran rebaño de animales de un color rojizo, muy parecido al metal que los humanos llamaban cobre. Era un gran grupo de vacas, las cuales a Nem le parecieron muy buena presa.

A los pocos minutos habíamos arrasado con varias de las bestias y Nem estaba más que satisfecho, nos sentamos en un claro bajo a un árbol que me recordaba a nuestro hogar y pensaba en que estaría haciendo Barachiel en esos momentos. Cerré mis ojos un instante y me dormí profundamente con Nem acurrucado a mi lado, solo pude soñar con ella, su sonrisa y su aroma.

Desperté por los gritos de un hombre, cuando me incorpore vi a Nem en una pose de defensa frente a mí y pude divisar a esa figura alta, como de unos 3 metros, con piel morena, casi cobriza, que gritaba y vociferaba en un idioma que no podía entender bien, uno antiguo, arcano. Era Shamash... el "Dios Solar" de esas tierras.

El "Dios" alzaba sus brazos y gritaba con fuerza, al parecer esos animales eran de su propiedad. Sacó de su espalda un gran arco dorado, con unas flechas del porte de lanzas y apuntó en mi dirección, me puse de pie lo más rápido que pude y lo miré detenidamente.

Shamash gritó algo que creí entender como –"¡¡Te destruiré!! "– y soltó una de sus "flechas/lanzas" que logré esquivar con dificultad, por suerte no apuntó a Nem que saltó hacia el costado opuesto al que lo hice yo.

Viendo la situación actual, solo quedaba una opción...

Los ojos rojos de Nem se volvieron de un color dorado, muy similar al Icor de los ángeles y Dioses, su pelaje se erizó y la poca melena que tenia se sacudió... de pronto soltó un rugido que estremeció la tierra, los pájaros volaron aterrorizados y las pocas bestias que quedaron en pie salieron despedidas del pánico.

Me quedé estupefacto al ver a Nem de esa forma, no me lo esperaba en realidad, ver al pequeño que criamos con Barachiel tan fiero y poderoso me dio fuerzas, y ¿por qué no decirlo?, ganas de una batalla épica.

Al ver esto Shamash entró en frenesí, atacando a diestra y siniestra con su arco, ahora sus flechas al ser disparadas se encendían en fuego azul, una de ellas me dio en el hombro y, por los Dioses... quemaba demasiado, ni siquiera mi armadura había sido suficiente para detener a esa maldita flecha/lanza.

Nem se abalanzó sobre Shamash, al verme en problemas, y éste en respuesta le disparó una de sus malditas flechas a Nem, pero, para mi sorpresa, la flecha no hizo más que rebotar en la piel erizada de nuestro pequeño. Eso me hizo plantear una nueva estrategia, saqué la flecha de mi hombro y me puse de pie para comenzar con nuestro ataque.

Nem y yo habíamos practicado varias formas de cazar a nuestras presas, en esta ocasión decidimos que la mejor opción era rodear y atacar en conjunto, corrimos rápido alrededor de Shamash y le di un certero golpe en su pecho descubierto que lo hizo tastabillar, a lo que Nem respondió mordiendo y despedazando una de sus piernas, provocando que el suelo se llenara con la hermosa sustancia que brotaba de su herida.

Me separé un poco para tomar impulso y me abalancé sobre el Dios herido, dándole varios golpes en su torso, sentí sus huesos romperse con cada uno de mis puñetazos, lo cual, de alguna forma, me hacía sentir bien.

El "Dios Solar" cayó abatido, respiraba con dificultad, me acerqué y le vi a los ojos, vi el terror en ellos, como pudo, el Dios caído susurró unas palabras que entendí con dificultad... –"Mata Dragones"... "El León Negro... Satanael."–

¿Cómo es que este Dios sabía mi nombre? O ¿es que los rumores de mi anterior visita al paraíso habían llegado a estas lejanas tierras del oriente? No lo sabía con seguridad, solo puse mi pie sobre su garganta y pisé con fuerza: un montón de Icor se desperdigó por el piso, manchando también mi bota.

Vi a mi pequeño Nem ya convertido en un adulto, me acerqué a el arrodillándome a su lado y le dije:

–Este es el mundo fuera del Edén, de nuestro hogar. Si sales algún día de él, tendrás que enfrentarte a cosas como estas a diario; eres fuerte, muy fuerte y tienes que hacerle frente a más cosas en un futuro, pero no desesperes: siempre estaremos contigo. –

Me levanté y revolví un poco su melena con mi mano, jugueteando con ella, me sentía bien, me sentía fuerte después de tanto tiempo sin una batalla, aunque decidí nunca contarle a Barachiel lo sucedido ese día.

Nuestro camino continuó con rumbo al oriente, más y más allá de las tierras de los sumerios y acadios, civilizaciones grandes y poderosas que siguieron con los rumores de Nem y míos. La mayoría comenzaba a llamarme "El León Negro, Satanael", título que no me desagradaba en lo absoluto.

Unas cuantas lunas llenas pasaron, no supe bien si fueron cuatro o cinco; a mi parecer, fue una eternidad, no había día que no pensara en ella, en mi ángel: mi Barachiel. Cada noche soñaba con su voz, con su sonrisa y su rostro, la luna me la recordaba.

Había escuchado de los humanos que encontraba a nuestro paso, que en un lugar muy alejado de la civilización estaba situado un árbol de manzanas doradas que resplandecían con las luz del astro rey y servían de guía en las noches por la luz de la luna, ellos decían que había sido un regalo de "Selene, la Diosa Lunar",  aunque yo sabía perfectamente la verdadera historia detrás de ese árbol.

Al final de la sexta luna llena, Nem ya era todo  un león adulto, era más grande, más fuerte y más temible que ningún otro, al ver esto, decidí que era tiempo de regresar a casa.

Nuestro regreso fue más rápido de lo que me imaginaba, los humanos que podían lograr vernos susurraban a nuestras espaldas “El León Negro Satanael". Los rumores se habían extendido por todo el antiguo mundo, algunos me llamaban solo "León Negro"...

Al entrar al Edén me encontré con una sorpresa que no me esperaba: los árboles, los prados, todos los frutos y arbustos estaban marchitos, pero a pesar de eso, cerca del lago, vi una figura que me traía muchos recuerdos, antes de darme cuenta, Nem ya había corrido y se había lanzado sobre mi ángel, jugueteando con ella. Me acerqué y susurré a su lado:

–Ya estamos en casa, mi ángel. –



domingo, 1 de mayo de 2016

La Rebelión y un Nuevo Deseo


Satanael VII


Esa noche fue muy larga y pacífica, todo habría acabado perfecto de no ser por los gritos de un pequeño ángel a la mañana siguiente.

Era Azael, un pequeño querubín a las órdenes del Arcángel Uriel, según sus palabras, mi visita al paraíso había causado revuelo, y había llegado a oídos de cada ser iluminado conocido.

De ese breve paseo, habían pasado ya dos semanas en el Jardín, lo que en el paraíso solo eran un par de días; me había vuelto aún más famoso.

El pequeño querubín nos plantó cara a Barachiel y a mí, gritando y vociferando desesperado, al parecer no me temía, aunque seguía con la mirada cada movimiento que yo hacía.

Según sus palabras en el paraíso mi visita fue llamada "La Segunda Caída del Dragón" algo que solo hacía referencia a mi padre siendo vencido por el Arcángel Michael, esto hizo que se me removieran las entrañas, ¿cómo era posible que me compararan con él?... con ese ser que había perdido la cordura ya tantos años atrás.

También nos mencionó que algunos ángeles querían huir del paraíso, para ver el mundo y conocerlo por completo, querían saber más allá de las cosas que los altos cargos mencionaban. Ella decía que Uriel bajaría con una tropa y que ellos se separarían en facciones para recorrer todos los confines del mundo mortal… cosa que a mí realmente me daba igual, yo solo quería quedarme al lado de Barachiel.

Cuando al fin pudo calmarse miró a Barachiel y le pregunto:

– ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer? ¿Te vas a quedar con el hasta que los demás te encuentren? mejor escapa con todos nosotros, únete a una de nuestras facciones y sirve de algo a nuestro maestro Uriel–.

A lo que Barachiel respondió muy seria y con tono de seguridad:

–Yo no quiero huir. No tengo por qué hacerlo. Éste es mi hogar, mi lugar: al lado de Satanael–.

Al oírla, mi corazón sintió gozo, algo tan increíble que no hay palabras para describirlo, creo que ese sentimiento podía notarse en mi rostro, ya que el pequeño ángel me miro con lo que, pienso, fue repulsión. Luego de eso abrió sus alas de par en par y desapareció en el firmamento, yo me limité a tomar la mano de Barachiel, estrechándola y entrelazando mis dedos con los de ella.

A los pocos días, nos enteramos que la huida había sido un "éxito", que ya una gran parte de los ángeles que habían escapado se encontraban en diferentes partes del mundo mortal; esto hacia que Barachiel y yo nos sintiéramos recelosos de todo a nuestro alrededor, nuestra vida juntos en el Jardín era pacífica, no afectábamos al ecosistema ni le hacíamos daño a los animales, solo paseábamos por él y veíamos jugar a las pequeñas crías de los seres humanos.

Un día, un pequeño se dio cuenta de nuestra presencia acercándose lentamente, Barachiel se arrodillo frente a él y éste, acaricio su rostro con delicadeza; yo solo me quedé mirando atrás de ella, pensando que era lo mejor que podía hacer para no espantar al pequeño niño.

Barachiel, en un acto de ternura, hizo que las flores a nuestro alrededor florecieran y se tornaran de varios colores diferentes, el niño en su fascinación corrió y dio vueltas por el prado recién florecido, saltando y riendo con alegría. El rostro de Barachiel mostraba aún más sentimientos que antes: noté ternura, felicidad y un deseo en sus ojos. Me miró fijamente y tomó una de mis manos apretándola lo más fuerte que podía lograr, yo solo pude sonreírle.

Las semanas pasaban y las noticias sobre los ángeles caídos se hacían más recurrentes, algunas decían que una las facciones había hecho una "alianza" con ciertos demonios, para llevar conocimiento a los seres humanos, que, a decir verdad, no había terminado nada bien, ya que habían sido traicionados por los demonios.

Muchos cayeron a manos de ambos bandos, solo unos pocos lograron huir y salvaguardar sus efímeras existencias, por esto, me refiero a que siendo los ángeles seres inmortales, los demonios saben cómo hacerlos sufrir, esa es su tarea primordial; un ejemplo de esto es que, al percatarse que al cortarle las alas a un ángel y quemar su espalda, lo limitas a ser un ser "terrenal", ésto, sin embargo, no quiere decir que se hagan mortales de la noche a la mañana, sino, que los hace más débiles, más físicos, no tan etéreos.

También, los hace más sensitivos al dolor y la tortura, la segunda mejor cosa que se les da a los demonios de bajo rango.

Barachiel, al enterarse de esto, solo pudo llorar y sentirse culpable por haber desencadenado todo eso, yo solo pude abrazarle hasta que, por fin, pudo conciliar el sueño.

La mañana se hizo presente más pronto de lo que esperaba, el astro Sol iluminaba todo el paraje y hacia que nuestro árbol de frutos dorados brillara resplandeciente; para solo tener unas cuantas semanas de existencia, ya había alcanzado un tamaño considerable.

Barachiel y yo nos dispusimos a caminar por la orilla del lago, como era nuestra costumbre, así podíamos visitar las aldeas y ver a los animales juguetear por el lugar. Algo llamó de pronto nuestra atención: unos cuantos pájaros de carroña, que sobrevolaban unos arbustos que estaban cerca de unos pilares antiguos, otro de los templos que los humanos habían construido ya tiempo atrás, nos acercamos con cuidado y lo que nos encontramos a los pies de ese lugar nos sorprendió de sobremanera.

Muy mal herido, con sangre reseca, rastros de tierra y un poco de alquitrán, yacía un pequeño ser de forma humanoide, tan pequeño y frágil que pensé que ya estaba muerto. Barachiel corrió y espantó a los pájaros gritando y lanzándoles todas las piedras que pudo encontrar a sus pies, se arrodilló a su lado y lo tomó en sus brazos, corroborando que el pequeño y delicado ser aún tenía un rastro de vida en sus ojos.

Lo tomé en mis brazos y corrimos a nuestro lugar, una pequeña morada, que habíamos construido juntos, le recostamos en nuestro lecho y Barachiel atendió lo mejor que pudo sus heridas, estabilizando al pequeño en su gravedad: esa noche fue muy larga y extenuante.

Al siguiente día pudimos ver que el pequeño tenia cicatrices de tortura en su piel, y en la base de su nuca una marca que decía: "Azaroth". Ese nombre retumbó en mi mente, ese pequeño era el hijo de Aztaroth y Akibel, uno de los duques del inframundo y una de las ángeles bajo las órdenes de Azazel después de su caída.

Un pequeño infante nacido de una unión prohibida, ya que su madre había sido violada y torturada en lo más profundo del infierno por los demonios que traicionaron la confianza de los ángeles que se habían rebelado.

El pequeño era diferente a todo lo que había visto, crecía mas rápido de lo normal, pero no era como los demás demonios: era más delicado tal cual como un ángel, pero cuando se presentaban sus alas eran distintas, una de un color tan blanco y puro como la luz de la mañana y la otra tan o más obscura que una noche sin luna.


No sabíamos que nos iba a deparar el destino, lo único que sabía es que Barachiel se veía feliz de poder tener al pequeño a nuestro lado.


Regreso a las andadas.



Después de un pequeño descanso y recopilación de información, volvemos con ustedes, nuestros queridos lectores, muchas gracias por su espera y deseamos que esta nueva temporada les agrade igual que la anterior.

Este es un pequeño mensaje de los autores de esta larga historia.

Saludos.




lunes, 11 de abril de 2016

En su busqueda


Satanael VI


Ésa había sido la noche más larga y placentera que pasé en el Edén, estar con ella así, con nuestras manos entrelazadas mirando al firmamento, en esa noche llena de estrellas.

No me di cuenta cuando me dormí, solo sé que esa noche soñé con su rostro, con sus labios y su voz susurrando en mi oído.

A la mañana siguiente, mejor dicho, al medio día, desperté con una sensación extraña. Apreté mi mano y no sentí la suya, me levante rápido y no la encontré a mi lado. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? no sentía su presencia en el Edén, ni siquiera en el mundo mortal.

Desesperado busqué por todo el jardín, esperando estar equivocado, en los pueblos aledaños, en los montes cercanos a las nubes, en los bosques más oscuros... hasta en el Inframundo.

Sí, tal vez estaba loco, por el hecho de buscarla en el peor lugar posible, pero la noche anterior Lilith nos había visto, y eso no podía ser nada bueno para nuestra relación.

Ella era el ser más peligroso en el infierno, no era tan poderosa como mi padre o mis hermanos, pero sabía cómo manipular a otros y eso a mi parecer es lo más peligroso que puedes hacer: tener el poder de imbuir tus pensamientos, o tus actos en otros para que estos hagan lo que tú quieras, es repugnante.

Pasaron algunos días, algunas noches, y mi humor no era del todo bueno; necesitaba verle, necesitaba tenerla cerca. Bajé a lo profundo del Inframundo, donde esa maldita se escondía, le busqué en el palacio, en las habitaciones, recorrí toda nuestra morada... y la encontré en el borde del rió Lethæus, o Lete para los antiguos, este era el rio del olvido, en el cual se bañaban las almas antes de reencarnar a sus nuevas vidas.

Le miré desde lejos, ella estaba sentada a un costado, sobre una gran roca mirando como las almas eran arrojadas al río por los sirvientes de mi padre. Me acerqué lentamente, sentía una extraña necesidad por tomarla del cuello y apretar hasta quebrarlo, pero me contuve, si llegaba a hacer algo como eso, mi padre de seguro haría algo mucho peor conmigo.

Seguí caminado hasta estar solo a pasos de ella, y de pronto oí su voz.

-"¿Qué haces aquí mi pequeño muñeco?, te veías tan feliz con esa escoria… ¿O es que ya te decidiste a ser completamente mio y a darte un baño en el Lethæus para olvidarle?"

Al escuchar su tono meloso, pero burlesco, sentí cómo esas ganas de arrancarle la cabeza crecían en mi pecho...

-"¿¡Dónde está!? ¿¡Tú te la llevaste!? ¡¡De seguro la tienes aquí en contra de su voluntad!!

-"Pero ¿qué dices pequeño? yo no le he hecho nada a esa linda escoria"

No soporte más y le tomé por los hombros, no sé qué tipo de expresión tenía, porque su rostro cambió del sarcasmo al terror absoluto.

-"Dime dónde está, ¡ahora!, o no me contendré más y te despedazare aquí, frente al río del olvido y te arrojare a él. ¡¡¡Nadie más sabrá de ti!!!

Entre gritos y sollozos dijo:

-"¡No sé nada! ¡No le he visto! Yo... ¡No sé nada de ella!!!"

Le dejé caer, me di la vuelta y salí de la vista de todos los presentes, lo más rápido que pude, no quería estar cerca de ese lugar nunca más.

¿Qué otro lugar quedaba? ya había revisado todos los lugares posibles, todos los escondrijos que se me habían ocurrido, ¿dónde podría estar Barachiel? ¿Le habrían llevado en contra de su voluntad?

Ya agotado y ofuscado, me senté bajo el triste árbol que me cobijo mis primeros días en el Jardín, vi el lago, sentí la brisa, el calor del sol, el césped húmedo a mis pies... Pero nada de eso era igual sin ella. Vi, de pronto, a unas aves volando a la distancia, surcando las nubes y acercándose al Sol...

El Sol…

El Cielo.

¡El Paraíso!

Ése era el lugar que menos pensaba visitar a lo largo de mi vida, pero si ella estaba ahí, tenía que rescatarla. Me las arreglé para seguir a un par de ángeles que estaban de paso por el Edén, vi cómo entraban por un portal y desaparecían en una luz muy fuerte.

Sin siquiera pensarlo, me acerqué y adentré en esa luz, esperando poder ver su rostro una vez más.

Cuando la luz se disipó, logré divisar un paraje como ningún otro había visto, las nubes estaban tan cerca del suelo que podías alcanzarlas con solo levantar tus brazos, había mucha luz, pero no logré ver un sol como tal, vi muchos seres luminosos a lo lejos caminando y elevándose para recostarse en aquellas nubes.

Caminé lento, con cautela, no había sombras donde poder ocultarme, entonces fue cuando sentí un dolor muy punzante en la boca del estómago. Una lanza me había atravesado.

-"¿Qué... mierda es ésta?"

Mi visión se hacía difusa, nebulosa, cerré mis ojos por el dolor, pero sólo pude ver su rostro en mi mente.

Apreté mis puños, no era tiempo aun, no podía parar en ese momento, solo unos pasos más y la encontraría, levanté la vista y lo vi; solo había escuchado historias de él, solo leyendas de como mi padre y el luchaban en contra de dragones, bestias sagradas, antiguas como el tiempo mismo, los cuales vivían en el paraíso y que le hacían la vida imposible a los seres inferiores.

Su rostro era severo, sus ojos como dos fogones llameantes: Michael, el Arcángel de la guerra, comandante de los ejércitos celestiales.

-"Basura como tú no debería estar en un lugar tan sagrado como este, ¡¡no tienes derecho escoria!! ¡Vete al infierno con tu padre, El Caído! ¡Ese maldito ladrón!"

-"¿Ladrón? ¿Por qué lo llamas así? ¿Qué fue lo que te robo para que lo llames de esa forma?"

A esas alturas mi visión estaba mejorando, podía distinguir las cosas a mi alrededor, a los seres que me apuntaban con lanzas a diestra y siniestra.

-"Cuando fue desterrado, tu padre y yo tuvimos una lucha, una tan épica, que todos en el universo pudieron ver como caía en una bola de fuego, antes de que eso sucediera, ese maldito robo mi espada sagrada, "Deimos", ¡la gran espada del terror!"

-"¿Te refieres a ésta?... ¡¡Deimos!!"

La gran Espada del Terror, la cual había conseguido de manos de mi padre la noche en que me volví un "adulto", me la había entregado para llevar miedo y desesperación a los seres que le desterraron a su actual morada.

Esta arma tenía algo muy particular, tomaba la forma de un anillo de plata envejecida cuando no era utilizada, y tenías que decir su nombre en alto para que se convirtiera en una gran espada a dos manos.

Sostuve la espada con mi mano derecha, y con la izquierda retiré la lanza de Michael arrojándola al piso, el contacto con ella hacía que mi piel ardiera y sintiera cómo se quemaba rápidamente: era de Oro Sagrado, un material tabú para los demonios.

Me levanté como pude, y blandí mi espada en contra de los seres a mi alrededor, arrasando con varios de ellos a mi paso; solo se podían distinguir sus ropajes y armas destrozadas llenas de icor dorado, la sangre de los seres inmortales. Les partía por la mitad, los despedazaba a mi paso; me había convertido en lo que mi padre deseaba: El Veneno de los Dioses.

Le planté cara a Michael, me acerqué lo más rápido que pude, arrasando con todo a mi paso. Cuando por fin lo tuve frente a mí, su rostro se había deformado por la ira, levantó sus manos y una lanza dorada atravesó mi pecho, justo donde se encontraba mi corazón, eso me detuvo por completo.

-"Escoria como tú no merece estar cerca de la pureza, no merece estar cerca de la creación del Dios Padre"

Mi cuerpo se sentía pesado, tenso, y mi pecho se quemaba por el efecto del Oro Sagrado. ¿Había llegado tan lejos para esto? ¿Había cruzado los mundos solo para caer en manos de este tipo? No. ¡NO!

Y grité con todas mis fuerzas su nombre, el nombre de mi ángel, tomé la espada y con todas mis fuerzas atravesé y despedacé a Michael arrojando sus mitades en ambas direcciones. Su icor cayó en mis heridas y sentí un leve alivio momentáneo; las miradas de terror y pánico se centraron en mí, a mi alrededor no había más que seres de luz observando la matanza que había dejado por mi arranque de furia.

La mitad superior de Michael me miraba con una expresión de desconcierto y miedo; por un momento había superado y con creces a mi padre, "La leyenda", "El Caído".

Luego, a la distancia, logré ver algo que me resultaba familiar, algo maravilloso: su rostro, mi ángel, mi Barachiel.


domingo, 3 de abril de 2016

Ojos Carmesí


Satanael V


El tiempo estando a su lado se hacía más lento, como si todo se detuviera y solo estuviésemos los dos en el Jardín, los días se hacían más placenteros, más alegres; verla sonreír era lo más importante para mí.

Desde que Barachiel cambió a una forma más femenina, pude acercarme más a ella, era más fácil para mí. Se veía tan bien, su rostro, su cabello, hasta su figura se me hacía más hermosa.

Con frecuencia me le quedaba mirando mientras ella observaba a los humanos en sus quehaceres diarios, tratando de aprender sobre todo lo que los hombres y mujeres hacían.

Cómo ellos recolectaban alimentos, o cómo los hombres cazaban en el bosque, cómo se acercaban los machos a las hembras, y cómo éstas cuidaban a sus crías, los niños; eso era algo que a ella le fascinaba.

El cuidado y la devoción que ponían las hembras humanas al estar con sus crías, el amor que les profesaban y la protección que les otorgaban, eso lo encontraba fascinante.

Normalmente nuestra rutina era sentarnos juntos a ver a los animales, sentir el aire, sentir la luz del sol y por mi parte, contestar a sus dudas respecto a las cosas que ella desconocía, me alegraba poder ser de ayuda y esto nos acercaba mucho más, en verdad me hacía feliz verla alegre.


Una noche estando juntos recostados en el césped, cuando sólo la luna nos cubría con su luz, paso algo que no me esperé, algo que me sorprendió de sobremanera, algo que me maravillo por completo; ella tomó mi mano con delicadeza, mirándome directo a los ojos, como leyendo mis pensamientos, y me besó, tan lento, tan suave, que pude sentir su calor, su pureza, su divinidad y amor.

Fue algo tan increíble, que no supe cómo corresponder, traté de hacerlo de la mejor manera posible, pero estaba desconcertado. En ese minuto todo se detuvo, y ya no me importó nada más a nuestro alrededor.

Esa noche había algo distinto, al separarme de ella aún seguía un poco estupefacto; pude darme cuenta que a la luz de la luna su rostro era aún más hermoso, que sus ojos brillaban con un resplandor distinto. Ella me observaba atentamente, como estudiando cada uno de mis movimientos y gestos, como si quisiera que dijese algo, pero no lo hice, solo levanté mi mano y acaricié su mejilla y mentón lo más suave que pude. Vi cómo su rostro tomaba un tono rosa muy leve, que apenas podía notarse con la luz que nos rodeaba.

Ese día pasaría a la historia.

A los pocos segundos, sentí como unos ojos severos nos observaban, sentí la desaprobación, el horror, celos y envidia. Pude darme cuenta de que alguien estaba muy cerca de nosotros.

Me puse en alerta, me levanté y busqué a mí alrededor hasta que la encontré... Lilith, una de mis hermanas mayores... aunque técnicamente no éramos hermanos.

Ella fue la primera esposa del "primer" hombre "Adamus", Adán para otras lenguas, quien fue desterrada y convertida en una Súcubo, un demonio femenino que se alimenta de la sangre y energía de los hombres que poseía.

Mi padre, en su locura, le prometió que yo le pertenecería y me uniría a ella en "matrimonio" cuando madurara, cosa que al parecer ya era tiempo, y que yo estuviera cerca de Barachiel no le gustaba en lo absoluto.

La miré a los ojos directamente, esos ojos de un color rojo carmesí brillando entre los arboles de nuestro bosque, de nuestro Jardín. Éste era mi territorio... nadie podía acercarse a él, ni a mi ángel.

Lilith desapareció entre las sombras de la noche como una ráfaga de humo muy oscuro, y por un segundo pensé que estaríamos a salvo; me volví hacia Barachiel fijándome en su expresión de desconcierto, y acaricié su cabello tratando de calmarle...

-“Tranquila, no pasa nada...”

A lo que ella pregunto con un tono de preocupación...

-“¿Qué sucede? ¿De qué me perdí? ¿Por qué te levantaste tan de repente? ¿Hice algo que no está bien?... ¿No te gustó mi... beso?...”


Su expresión de ternura al decir esas palabras hizo que mi corazón latiera como loco, solo pude esbozar una sonrisa y besé esos dulces labios, esperando a que el tiempo nuevamente se detuviera.






sábado, 26 de marzo de 2016

¿El Primer Beso?


Satanael IV


¿Qué podía hacer? estaba delante del ser más hermoso que había visto, ¡la perfección!, tenía tanto que decir, tanto que preguntar, pero ninguna palabra lograba salir de mi estúpida boca, solo monosílabos y un leve movimiento de cabeza para asentir o negar.

¿Cómo sabía mi nombre? ¿Quién se lo había mencionado?, eso quería decir que sabía de mi reputación, sabía de lo que hablaban los demás ángeles y seres del Edén. Sabía entonces por qué huían de mí o gritaban al verme, ¿ella sabría de mi hogar?... ¿de mi pasado?

Su nombre... ¿¡cuál era su nombre!? ¡¡No tenía ni una idea de los nombres en el paraíso!!, solo tenía una idea de que los nombres de ciertos ángeles tenían el sufijo "-el", como el mío...

¿Cómo podría llamarse el ángel más hermoso? ¿Qué nombre tendría esta creación divina?, tenía la mente en blanco, y eso me exasperaba.

Ella me seguía hablando, y haciendo preguntas, que en una primera instancia no lograba comprender, eran inocentes y curiosas, como las de un infante. Veía como con cada una de ellas su rostro se ponía de un dulce tono rosa, eso hacía que mi corazón se volviera loco, quería tocarla, quería sentir su rostro, la textura de su piel, sentir el sabor de sus labios.

Pero era un idiota. Sí, un idiota, porque no lograba idear ¡¡una sola palabra!! ¿Qué podía decir que no me hiciera quedar aún más como un estúpido?

Entonces, dije:

-"No lo sé… no sé cuál es... ¿puedes… decirme tu nombre?... "

¡Sí! ¡Lo había conseguido! ahora... solo tenía que esperar que no hubiese sonado tan mal como para que ella me diera una respuesta y al fin conocer su nombre.

-"Mi nombre es Barkiel, aunque soy más conocido como Barachiel, según algunos como el Arcángel de las Bendiciones".

Bendiciones, había escuchado de ellas de la boca de mi padre, eran los milagros de los dioses, para con los humanos de este mundo, algo para mantener la devoción y la fe de los seres inferiores.

Susurré:

-"Bendiciones, los… milagros de los dioses... "

Cuando mencioné esto, su rostro cambió su tono muy bruscamente de uno pálido a uno rosa. Se había sonrojado… ¿se había sonrojado por algo que yo dije? ¿Acaso dije algo que la molesto? ¿Acaso cometí algún error?...

-"Algunos dicen que lo que hago son milagros, pero la mayoría de mis compañeros no comparten esa opinión… ellos dicen que no merezco nada de eso. "

-"¿Cuáles... son los milagros que haces?... ¿puedes... enseñarme alguno?"

Su expresión cambió; mientras me explicaba lo de los demás ángeles se le veía triste y decaída, pero, de pronto, su rostro se volvió luminoso y alegre, un tanto deseoso y curioso a la vez, entonces vi algo que me dejo tan o más perplejo que mi primer día en el Jardín.

Ella levantó sus manos por un momento, y luego las bajó con delicadeza, hasta alcanzar el césped a nuestros pies, entonces, como por arte de magia, miles de flores comenzaron a aparecer a nuestro alrededor, de muchos colores, de todos los tonos posibles y de una variedad infinita.

Verla en medio de ese jardín, ese prado que ella había creado, verla a ella tan reluciente, tan hermosa, me hizo tomar una decisión... no me separaría de ella nunca más.


Los días pasaban y nuestros encuentros en el bosque se hacían más recurrentes, el solo sentarnos el uno al lado del otro, nos hacía sentir muy bien, las preguntas y dudas de ambos se fueron disipando, aunque no hablábamos mucho, ya confiábamos en el otro.

Constantemente le veía caminando por el claro, haciendo florecer los arbustos y los árboles frutales, tratando de acercarse a los animales, pero éstos, por alguna razón que desconozco se alejaban, aunque a mi parecer no era por miedo, sino como por algún tipo de respeto.

Noté que últimamente observaba a los humanos más que antes, como si le intrigara algo, como si quisiera respuestas a muchas preguntas...

De pronto, un día, formuló una pregunta que no supe cómo tomar...


-"Satanael... ¿podrías... besarme?"







martes, 22 de marzo de 2016

El Primer Acercamiento


"Satanael III"


Al entrar al Edén, por el mismo templo que antaño era frecuentado por los seres inferiores del lugar, noté movimiento a lo lejos, animales pequeños, aves volando y surcando el viento con total libertad, algo de lo que yo carecía en el Inframundo.

Mi hogar, el lugar más bajo del Purgatorio, es un sitio desolado y lúgubre, ningún alma se hacía presente en él, es muy común que algunos de los de mi "casta" salgan al exterior y busquen "diversión" con humanos, y al terminar los usen como alimento, he visto más de una vez cómo consumen la carne y las almas de esos seres que son inocentes, por eso salir de él para mí era lo mejor que existía.

Recorrí gran parte de ese jardín que me permitía ser yo mismo, olvidarme de mi vida, de mis problemas, de los gritos y la misma oscuridad de siempre.

Al llegar a mi lugar, ese árbol "tonto" me estaba esperando, ese mismo lugar que frecuentaba desde la primera vez que entre al Edén, ese mismo lugar que representaba mi descanso, mi calma.

Me senté bajo la sombra como era costumbre y pude sentir nuevamente la calidez del Astro Rey, la quietud del lago, el sonido de los animales a mi alrededor, todo era tranquilidad.

De pronto algo llamó mi atención, algo que ya había escuchado con anterioridad, esa voz tan característica, esa melodía que hacía que mi mente se quedara en blanco, que mi corazón latiera más deprisa, era ella... ese ángel, estaba nuevamente en el claro del bosque donde la encontré por primera vez.

Cuando crees haber visto algo perfecto, te puedo decir por experiencia propia que no hay nada más bello que un ángel, sobre todo la que estaba frente a mí, nada era tan delicado, tal luminoso, tan perfecta como ella.

Solo me le quede mirando, embobado por tal belleza, sin poder articular una sola palabra.

Estoy completamente seguro de que pudo darse cuenta de mi presencia, solo al sentir mi mirada a su espalda. ¿Qué más podía hacer? estaba tan cerca, era algo que nunca antes había visto, algo que despertaba mi curiosidad, esa misma que mis hermanos mermaron e hicieron añicos cada “noche de juegos".

Ella de pronto se dio la vuelta, y me quedo mirando fijamente con una expresión de quietud, fuera de lo común, yo solo pude darme cuenta de cuan hermosos eran sus ojos, de cuan maravilloso era su rostro, que esa luz que vi a lo lejos no era nada comparado a la luz que estaba frente a mí en ese momento, esa pureza tan inmaculada.

Me acerque lentamente para no espantarla, tan lento como un cazador acecha a su presa, sin emitir ningún ruido, sin respirar siquiera.

Mi corazón latía a mas no poder, pero en mi rostro no había ni una pizca de emoción, a pesar de todo tengo que guardar apariencias, no quería que se diera cuenta de cuan maravillado estaba, todos creen que soy un psicópata, todos me ven como un asesino de sangre fría, algo tan horripilante que no puedes ver a la cara, un monstruo.

Quizás si me animaba a emitir una sola palabra, correría o se alejaría y ya no volvería. A pesar de toda mi curiosidad, amainé mis deseos y me detuve, me senté en el prado frente a ella y pude darme cuenta de sus rasgos, su delicada piel, blanca como la leche, su cabello largo y sedoso que al parecer cambiaba de tonos dependiendo de la luz que lo tocaba, sus ojos de un color ámbar muy particular, tan hermosos que no podía dejar de mirarlos fijamente, traía unos ropajes muy parecidos a túnicas, de colores blancos y rojos, con un cinturón dorado ciñéndolos, un bastón de madera muy humilde a su lado y unas pulseras de cobre en su muñeca izquierda y su tobillo derecho, mientras ella sostenía una rosa blanca en sus manos.

Podía sentir la brisa y ver como el aire jugueteaba con sus alas, la calidez del Sol, el aroma de las flores, la humedad en el ambiente, los pequeños animales que corrían a nuestro alrededor, me sentía más vivo que nunca.

Mi tranquilidad se acabó cuando sentí que ella se ponía de pie, y lentamente se acercaba hasta mí, los animales a mi alrededor se esfumaron como por arte de magia, lo cual me pareció muy extraño, ya que la mayor parte del tiempo estos se acercaban y jugueteaban en mi entorno.

A pesar de que cada ser iluminado y humano escapaban al verme, los animales eran los únicos seres vivos que permanecían a mi lado. Yo solo me dedicaba a verlos y de vez en cuando a observar a sus crías desarrollarse.

Ella se sentó a mi lado, tan cerca, que podía sentir su respiración, el calor que expedía su cuerpo, su aroma muy similar a la flor de vainilla, sus pies descalzos muy cerca de los míos y me pude dar cuenta que el tiempo que había transcurrido desde la última vez que la vi había sido bastante más extenso de lo que imaginaba, ya que ella en este momento era más pequeña que yo, tan delicada como un botón de rosa.

Mi corazón latía muy fuerte en ese momento, podía ver cada detalle de su rostro, sus manos, sus ojos, sus labios y pude sentir un anhelo por ella, un deseo tan grande de tocar su piel, de sentir su calor en mis manos frías, de sentir su amor, algo que solo en mis sueños era posible.

Mi mente de pronto reaccionó al darme cuenta que ella parecía querer decirme algo...















lunes, 21 de marzo de 2016

El Cantar de un Ángel


"Satanael II"


¿Alguna vez has escuchado que la voz de los ángeles es lo más hermoso que puede existir? pues eso no se compara, ni de cerca, con la realidad, con lo hermosa que es la voz de un ángel realmente. Se siente como la brisa, como el sonido de las hojas al ser tocadas por el aire, a la lluvia cayendo en una pradera, a un río tranquilo siguiendo su cauce.

Me sentía tan cómodo bajo la sombra de ese árbol, que al poco tiempo me dormí, soñé con el lugar oscuro del que venía, los gritos de mi padre, los sermones  de mis hermanos... "¡Tú serás el que siga mi casta! ¡Tienes el poder para ser mi sucesor!"... esas palabras en mi cabeza cada día de mi vida hacían que me cansara cada vez más. El no poder ser yo mismo, el sentir una etiqueta en mi cuello, el saber que nunca sería como otros. Solo quería una vida tranquila, viajar por la tierra que mi padre tanto amaba, conocer la civilización, a los humanos de los que había escuchado, a los animales de las historias.

Desperté al poco tiempo, bueno, eso pensaba, no sé realmente cuánto tiempo me dormí, tampoco es como que me lo cuestionara mucho, eso pasó a segundo plano.

Al despertar, pude escuchar algo que me dejó maravillado, una voz, tan hermosa, que estaba fuera de mi comprensión, tenía que saber de dónde provenía.

Busqué por todo el lugar, busqué en las praderas, en el lago, bajo y sobre los árboles.

Hasta que, en lo profundo del bosque, en un pequeño claro rodeado de árboles frutales y arbustos de flores de varios colores, vi un ser envuelto en luz, una luz tan pura, tan tranquila, tan hermosa, que me dejó sin respiración.

Tenía una piel muy blanca, tanto como la mía, un cabello largo y sedoso, unos ojos de una hermosura sin igual, con un color muy parecido al ámbar.

Me le quedé mirando unos minutos, o tal vez fueron un par de horas, ¿quién toma en cuenta eso en estos días? noté que parecía más alta que yo, con más edad al parecer, después de todo, en esa época solo era un "niño", si es que se puede llamar así.

Sí, aunque no lo creas, los demonios no nacemos siendo adultos, aunque sí maduramos rápido, más que cualquier otra criatura. Nuestra casta está hecha para la batalla, para las confrontaciones, para no ser débil ante nada ni nadie. Creo que me doblaba la estatura, me sentía muy pequeño en comparación.

Se empezó a hacer de noche, y estaba seguro de que comenzarían a preguntar por mí, eso me traería muchos problemas si no me encontraban en mi lugar correspondiente.

Traté de correr lo más rápido posible, recorrí cada lugar por el cual había pasado, vi los animales que tanto había buscado, conocí gran parte de ese lugar de leyenda.

Cuando llegué al pequeño templo en ruinas, estaban dos de mis hermanos esperando a mi llegada, nada bueno iba a salir de esto, me había metido en problemas nuevamente.

Mis hermanos creían que una noche de torturas y padecimientos era lo más parecido a una tarde de juegos y diversión con tu hermano más pequeño. "Fortalecerá tu carácter, te hará más fuerte" decía mi padre, "serás el veneno de los Dioses".

Es una "suerte" que los de mi casta tengamos un poder de sanación tan rápida, si es que a eso le puedes llamar suerte, cada vez que mis heridas sanaban uno de mis hermanos se encargaba de abrirlas nuevamente. Así que los juegos eran permanentes hasta que mi padre decidiera que ya era suficiente, eso claro esta si es que recordaba que mis hermanos estaban "jugando" conmigo.

A veces pasaban horas, días, en los cuales no paraba de sentir dolor, de sangrar, sí, nosotros también sangramos, aunque mi sangre no es igual que la tuya claro, es más oscura y más... ¿cómo decirlo, espesa? bueno, eso no viene al caso.

Como ya te lo mencioné anteriormente, mi casta madura rápido, muy rápido a mi parecer, así que cuando ya me encontraba en mi etapa adulta, ninguno de mis hermanos quería "jugar" conmigo. Ellos solo me veían con miedo, mi padre se sentía "orgulloso" de lo que habían conseguido conmigo, habían corrompido mi curiosidad.

Cada vez que podía, me escapaba y recorría las ruinas de ese templo antiguo, visitaba la tierra y caminaba por los claros y bosques viendo todo a mí alrededor.

Mi lugar favorito era ese tonto árbol triste, su sombra hacia que me sintiera mejor, mi fama como el hijo del "Caído" había crecido, con el paso de los días, los ángeles ya conocían mi nombre, habían empezado a hablar de mí y a inventar historias de como asesinaba y destrozaba a mis víctimas, era todo un psicópata, ¿sabes?

Tanto era así, que de solo verme se retiraban lo más rápido que podían, los humanos también me conocían, decían que llevaba la muerte a mis espaldas, que con tan solo verme podían morir de una forma horripilante.

Recorría cada lugar que me llamaba la atención, caminaba por los bosques entre las sombras de los árboles, cobijado por su oscuridad, no es muy gracioso que todos a tu alrededor griten cuando te ven.

Hasta que en el mismo claro, en el mismo lugar, después de tantos días, ese ángel nuevamente se encontraba ahí, con esa luz característica, con esa aura pura, con esos ojos hermosos y con esa voz que me maravilló desde la primera vez.







domingo, 20 de marzo de 2016

Los Antiguos.


"Satanael I"

¿Cuántas veces te has preguntado sobre el bien y el mal?, ¿cuántas veces has escuchado sobre los caídos, los vencedores, los vigilantes, los ángeles y demonios?

¿Qué pasaría si te dijera, que solo los vencedores escriben las historias, y que ellos pueden manipular esta misma a su antojo?

¿Qué pasaría si te dijera, que no existe un solo Dios, sino que hay varios? ¿Quieres pruebas? piensa en los antiguos humanos que dejaron grabado en la memoria de sus sucesores a estos seres, a los cuales les dan diversos nombres.

Piensa en las primeras civilizaciones que dejaron parte de sus historias en la roca, en las cuevas, en tablillas.

Piensa, ¿no te lo has preguntado alguna vez? ¿No has sentido algo en tu interior, algo diferente? una voz que te dice: "no eres igual".

Eso es porque hay alguien más ahí.

Las dudas, la curiosidad, siempre he pensado que esa es una virtud de los humanos, ser curioso, no conformarse con solo una respuesta, eso es fascinante a mi parecer.

Pero a estas alturas del actual 2016, también existe lo malo, lo pútrido, lo perturbador en la humanidad.

No digo que sean malos en realidad, cada uno elige de qué lado quiere estar, pero, también es cierto que hay seres que manipulan a otros para que hagan cosas que van en contra de los principios básicos.

Pero bien, creo que he hablado suficiente sobre la humanidad actual, creo que no es por eso que estas aquí, ya que esta no es una crítica social ni nada parecido.

Déjame contarte una historia que pasó antes de la misma historia, antes del tiempo, entes de la humanidad.


Mi nombre es Satanael, el treceavo hijo del caído. Un ser tan malo, que según los agnósticos es el nuevo Dios que controla todo con miedo y locura.

Muchos escritos mencionan mi nombre, muchos otros dicen lo que "hice" y las catástrofes que causé, ¿qué pasaría si te dijera que nada de eso es como ellos lo cuentan?

Mi padre, "El Caído", creyó ver todo lo hermoso de la creación, fue parte de ello, contribuyó con sus ideas y conocimiento al igual que otros 12 "Arcángeles", seres poderosos, seres hermosos, con una luz fuera de lo conocido y de lo que te puedas imaginar.

El presenció la creación de la humanidad, por los Dioses, hasta estas alturas de la lectura ya deberías saber que hay más de uno, creo que ya lo mencioné antes, vio a los seres humanos, a las "criaturas" hechas por los seres superiores y se dio cuenta que les faltaba luz, esa luz que caracterizaba a los demás.

¿Por qué solo ellos podían disfrutar de eso? ¿Por qué solo los seres superiores merecían ser más que los otros?

Así que decidió una cosa, si no podía darles un "poder" como el de ellos, les daría algo muy similar, "El Fuego".

Bajó de los "cielos" hasta la tierra con el fuego del amanecer en sus manos, ¿no te parece conocida esta historia? piénsalo, te daré una pista, Prometeo. Hay muchas versiones sobre esta historia, algunos dicen que es el fuego como tal, otros dicen que es el conocimiento, la inteligencia, la "Santa iglesia Católica" dice que fue una manzana... pero aquí entre nos, te puedo decir que fue mucho más que una fruta, fue el poder de la sabiduría, el bien y el mal.

Al darse cuenta de esto, los Dioses no podían dejarlo pasar, así que decidieron castigar a mi padre, enviarlo al "infierno" hacerlo padecer de lo peor, el destierro.

Ya no podría ver lo hermoso de la creación, ya no podría hablar con otros como el, eso lo corrompió, hizo que su misma luz, se apagara casi por completa.

Decidió que haría todo lo posible por ver caer a esos Dioses que lo condenaron a ese castigo, con esto, claro, no digo que veas a mi padre como una víctima de lo que ocurrió, yo creo que fue solo un precio que tuvo que pagar.

Como ya te lo mencioné anteriormente, solo los vencedores escriben las historias, ¿por qué crees que en la inquisición, se quemaron tantos libros, tantos escritos antiguos? solo la Iglesia tenía el poder y la potestad de éstos.

Se perdieron nuestras historias, nuestras vidas y lo que logramos. Los "malos" no somos tan malos como todos creen, siempre nos culpan de todo lo malo que pasa en sus vidas, y todo lo que puede llegar a ocurrir.

Desde mi niñez, si es que puedes llamar a eso niñez, fui alimentado con ese rencor al igual que mis hermanos, ese odio hacia los seres que habían condenado a mi padre al sufrimiento. La verdad, es que a mí eso nunca me llamó la atención, quería salir, quería conocer ese mundo que tanto había escuchado en leyendas antiguas, quería conocer ese lugar que mi padre tanto mencionaba.

Siempre me la pasaba pensando, imaginándome como sería, como podría llegar hasta ahí. Hasta que un día, logré encontrar un "pasadizo" por donde pude llegar, unas ruinas de lo que pienso, serían una especie de templo muy antiguo, a alguno de esos "Dioses" de los que con tanto odio hablaba mi padre.

Lo que vi, me pareció maravilloso, me encontré con un jardín enorme, de flores, de árboles que se transformaba en un bosque tan extenso que no podía ver hasta dónde terminaba.

Vi criaturas muy variadas, animales de los que solo había escuchado en historias, también vi a unos seres que jugaban con las flores que recogían del suelo,
humanos pensé, estos...humanos, corrían y reían, se veían tranquilos, felices.

Caminé por muchas horas, hasta que encontré un hermoso lago, donde se reflejaba la luz del astro rey, El Sol, me acerqué y senté bajo la sombra de un árbol con sus ramas caídas, que parecía triste a la vista, un Sauce "llorón", qué nombre más tonto para un pobre árbol.

La sombra era muy cómoda, sentía la brisa, también la calidez del sol en el césped, podía ver todo por lo cual mi padre "luchaba", lo hermoso de esta tierra.